Convertido en un estilo marginal, que sobrevive a punta de discos autoeditados o con muy poca promoción en prensa, el hip hip chileno continúa sobreviviendo como el único catalizador evidente de crítica social en el país. Sin embargo queda la pregunta de quiénes son sus representes y hasta qué nivel sus trabajos visibilizan mensajes de divergencia.
Felipe Mardones
En abril de 2009, el rapero nacional Seo2 –alías de Cristián Bohórquez- estrenó su primer álbum en solitario: “Relativo & Absoluto” (Mutante Discos). Luego de un arrollador éxito comercial junto a Makiza, agrupación noventera que no sobrevivió al cambio de siglo, el cantante prometía un regreso bajo el lema Autobiografía de un MC, o en otras palabras, una producción dedicado a su propia historia. El arranque megalómano se veía matizado por un par de canciones en las que se leía su preocupación por el medioambiente y el futuro del planeta. Pero estas inquietudes no superaban el gesto de ir al supermercado cargando bolsas de género, dejando entrever una conducta paradójica, pues lo que predomina en la Autobiografía, es el relato de un sujeto que se autodefine como superior a sus compañeros de generación, a la vez que transmite preocupaciones divergentes para subsanar su ego. Esta conducta se perpetúa en otros realizadores nacionales, alcanzando diferentes niveles de visibilidad durante los últimos meses, pero demostrando que el hip hop más popular ha cedido ante la urgencia de batallas cifradas entre creadores, dejando de lado la antigua preocupación por el entorno.
Para entender cómo ha madurado un estilo reciente en el país, debemos recordar que gracias a la masificación del rap y sus estilismos heredados de Estados Unidos, durante los primeros años de la reorganización cultural durante la “postdictadura” en Chile. El público nacional conoció agrupaciones como Tiro de Gracia, Frecuencia Rebelde o Makiza a través de las emisoras radiales, pese a que en las zonas más periféricas otras agrupaciones como FDA, Calambre o La Legua York, autoeditaran sus creaciones. Gracias a hitos como “Ser Humano” (Tiro de Gracia, 1997) o “Aerolíneas Makiza” (Makiza, 1999), se exportaron sonidos más o menos ligados al pop, pero que gracias a la novedad de las rimas y los videoclips cargados de estéticas foráneas se transformaron en la base de lo que se conoció como hip hop chileno. Vale destacar que ya en esos años el género se repartía entre los logros mediáticos de un grupo de bandas y la creación de otros que no alcanzaban a salir del circuito autogestionado.
Otra característica de la primera década de hip hop masivo en el país se vincula a la posibilidad de contar historias sociales, en donde la denuncia se leía como en ninguna otra expresión musical de esos tiempos. Aborto, Sida, violación de los derechos humanos, dictadura, presos políticos, marginalidad, sexismo, pobreza, exilio, fueron temáticas que no permanecieron ajenas a la discografía de las bandas mencionadas. Sin embargo, los últimos años han visto florecer nuevos rumbos para antiguos creadores, que como Seo2, aún gozan de la popularidad sembrada hace diez años.
Es el caso de Tea Time (alías de Camilo Castaldi), rapero que conoció el éxito comercial gracias a una banda funk: Los Tetas. El rimador siempre expresó su necesidad de seguir un camino ligado al rap, colaborando con algunos grupos citados. Finalmente, en 2009 logró editar su primer disco en esas ligas “1” (Feria Music). El álbum sigue la ruta del debut de Seo2 -con quien ha colaborado en más de una oportunidad- radicalizando una postura en donde el creador se ubica en el centro del mundo, autoinventando un mito de estrella del hip hop, disparando contra quienes lo persiguen “motivados por la envidia”, relegando a las mujeres a objetos de satisfacción, al mismo tiempo que el barrio, la calle, lo urbano es caricaturizado según los estigmas informativos de delincuencia y peligrosidad. No es raro escuchar entonces, que en “1”, las historias de vida de Tea Time sean adornadas con sonidos de balazos o batallas, en un acto de apropiación y naturalización de los clichés de la prensa.
La producción de Seo2 y Tea Time se demuestra más individualista cuando es comparada con otras creaciones que también han captado la atención de la prensa y el público durante 2009. Entre ellas destaca “Los animales deben estar locos” (Potoco Discos) de Koala Contreras –antiguo integrante de FDA-, cantante que también colabora con el combo de hip hop y jazz Como Asesinar a Felipes. Con esta agrupación acaba de estrenar “Un disparo al centro” (Potoco Discos), segunda entrega como líder de una banda atípica en el panorama chileno; en ellos no sólo se mezcla el interés por el jazz y las rimas, sino que también se evidencia la búsqueda por una escritura y una estética en contra de lo que ellos han llamado como “la música bonita”, pero que, al mismo tiempo, se traduce en una denuncia constante a las estructuras de poder que conocemos. Recurriendo a metáforas oscuras y claustrofóbicas, Como asesinar a Felipes, se ubican en la periferia del estilo, sin repercutir demasiado en la prensa -pese a que su popularidad crezca y se refleje en sus conciertos-, pero instalando un quiebre en el ambiente lleno de peleas y conflictos internos entre uno y otro rapero.
Finalmente, uno de los estrenos que devuelve la pregunta por la crisis al interior del hip hop local es la reciente producción de Anita Tijoux: “1977” (Potoco Dicos) . La cantante -que hoy prefiere ser llamada Ana- regresa luego de un desafortunado paso por el pop con “Kaos” (Oveja Negra, 2007), en donde olvidó las rimas e intentó comenzar un camino al margen de Makiza, banda de la que también fue fundadora junto a Seo2. En su nuevo disco, la cantante se entrega a un ejercicio que imita la voz de sus pares masculinos, pese a que se desmarca de los delirios persecutorios de Tea Time. En Tijoux, al igual que en los otros ejemplos de hip hip popular y de mayor convocatoria se aprecia la inmadurez lírica de sus expositores, pues, una vez más, sus motivos sólo rozan la anécdota personal, el duro y difícil camino de ser artista en Chile y la pelea por ocupar el lugar de poder ante el micrófono.
La pregunta sobre el estado de creación de los raperos legitimados por los medios informativos debe encontrar una respuesta en aquellas manifestaciones menos populares. El grado de divergencia entre ambas propuestas ayuda a comprender que en términos estéticos ambas sacan partido de los mismos recursos, pero que en base a sus mensajes y consignas la antigua generación de rimadores noventeros, aún se alimenta de los estertores de un fenómeno publicitario que no logró consolidarse con los años. Resta, entonces, seguir indagando en los terrenos menos convencionales del arte de rimar y criticar el entorno para saber hasta qué nivel la crisis del hip hop nacional ha afectado a sus realizadores.

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