Carolina Figueroa L.
Aún faltan exactamente diez meses para el Bicentenario de nuestro país, pero la difusión con que el gobierno ha publicitado su programa va a pasos adelantados. La celebración se ha transformado en un show mediático, en una técnica de branding país y de publicidad que han aprovechado los canales de televisión. Muchos nos inundan con programas alusivos como Recomienda Chile o La superproducción Héroes.
Toda la parafernalia que conlleva la celebración calza perfectamente con la idea de imagen país y la constante búsqueda por lograr un alto posicionamiento de Chile en el extranjero, lo que en el año 2007 la presidenta denominó Inserción de Chile en el mundo.
En el área cultural este fenómeno se ha reflejado en diversas áreas: rescatar la memoria artística, realización de eventos excepcionales, becas Chile, la gran cantata del Bicentenario, los proyectos de rescate del patrimonio nacional, la página de memoria chilena de Dibam y el incremento de la producción artística sobre el bicentenario.
El inicio de este zoológico cultural tuvo lugar la pasada celebración del 18 de septiembre de este año, en un escenario ubicado delante de La Moneda, frente a la Plaza de la Constitución. Un show que aportó el rescate de la memoria artística al llevar a bandas como Los Jaivas, Congreso, Quilapayún y Sol y Lluvia. Un evento excepcional con dos animadores muy al estilo del Festival de Viña del Mar, vestidos de gala frente a un ferviente monstruo que ocupaba toda la Alameda, un mar humano que cantaba, gritaba y bailaba. No podían faltar las pulseritas luminosas, ni las pancartas. Un espectáculo total, una especie de Carnaval en donde todos salen a la calle, donde surge el descontrol y se habla de instancia cultural, pero más bien estamos frente a un circo, donde ni siquiera se respeta lo que los artistas dicen, muchos de los mensajes el público no los tomaba en cuenta, ya que sus gritos no permitían prestar atención, el escenario apenas permitía ver el show, sólo dos pantallas gigantes eran el medio de unión entre el público y los artistas. Lo que nos muestra una mala ubicación y análisis del lugar para realizar el espectáculo.
También la imagen país se ha dispuesto a cambiar rápidamente parte del territorio urbano. Con la excusa de grandes transformaciones para dar la bienvenida al Bicentenario con nuevos aires. Se han comenzado las obras en La Plaza de la Constitución y del Centro de Justicia de Santiago. Pero lo que está por debajo de estos proyectos, que en gran medida ya se han terminado, es lograr nuevas oportunidades de inversión y un mayor desarrollo para el sector en que se encuentran emplazadas.
Todos estos proyectos no han sido diseñados al azar, ya que si analizamos los puntos que la fundación Pro-Chile plantea como métodos de mejoramiento de nuestra imagen encontramos todos estos aspectos.
Es así como podemos entender que el Bicentenario en Chile es una medida del Estado que pretende incrementar nuestra reputación para así vender nuestro país como una marca más que se vuelve rentable en el extranjero, de ahí que el Bicentenario sea una estrategia publicitaria que se esconde bajo la premisa de recordar nuestro origen como chilenos, celebrar los doscientos años de nuestra independencia. Siendo un producto más de la marca Chile.



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