Mónica Lowick-Russell
Sentado en una silla blanca, con las manos cruzadas y su mirada perdida donde no se puede uno imaginar, se encuentra Patricio Manns. Es la historia en carne y hueso, contempladora y silenciosa. El sutil sonido del viento marino y el cantar de las gaviotas aleteando lo hacen perderse en sus pensamientos incesantes que, con el pasar de un segundo, se convierten en palabras. “En Chile está la cultura de los muertos, no la cultura de los vivos”.
En un solitario edificio, a la orilla de las playas de Con-cón, vive el legendario cantautor. Allí, en el esporádico encuentro con jóvenes hambrientos de recuerdos ajenos, rememora su vida, su obra, sus dolores y sus triunfos.
Se encuentra viviendo el desexilio, como él mismo afirma, recordando las palabras del escritor Mario Benedetti; es el retorno luego de su vertiginosa y obligada despedida, 34 años atrás. Manns está de vuelta en su país y Chile aun no lo sabe.
El primer logro musical del cantautor fue ganar el Festival de Cosquín (Argentina) en el 59, con su canción Bandido, desde ese momento sería una de las figuras, junto a Víctor Jara, Isabel y Ángel Parra, que sentó las bases del movimiento de la Nueva Canción Chilena. “Creo ser una figura relevante de la música chilena. No sé si eso es ser parte del panorama musical actual o no. Te puedo decir que cada día que pasa músicos jóvenes y no tan jóvenes graban mis canciones. Creo también que Jara, Violeta, Advis y yo somos irrepetibles”, afirma Manns.
Una familia musical se formó en el 65, al abrir la Peña Carmen 340, más conocida como la Peña de los Parra. Formada también por otros importantes apellidos artísticos; fue el primer lugar de interés entre nacionales y extranjeros que disfrutaban de la cultura y de la bohemia chilena. Manns cofundó dicho lugar, ahí compuso canciones coronarían su carrera musical, además de lograr un reconocimiento a nivel masivo. Valdivia en la niebla y Arriba en la Cordillera las concretaría un día cualquiera, para presentarla en la peña esa misma noche. Era una de las características de los músicos: utilizaban la improvisación para formar su repertorio. “De repente hablábamos con Jara y me decía ‘oye mira, escúchate esto, estoy haciendo esta cosa’, así, me mostró Te Recuerdo Amanda cuando la estaba empezando y yo le mostré Arriba en la Cordillera, era un trabajo maravilloso”, recuerda emocionado el compositor.
La peña era un lugar de encuentro donde la luz la entregaban el centenar de velas que adornaban el recinto, lleno de redes de colores que prendían el ambiente y las energías de las personas que la visitaban, “…éramos una cooperativa, trabajábamos juntos, mientras unos cantaban, otros estaban sirviendo tragos, empanadas, anticuchos”.
Toda su carrera artística está marcada por su militancia política, aportando como periodista y músico a la campaña presidencial del 64 y del 70 del fallecido Salvador Allende, siendo el último año el triunfo del ex presidente. En su disco Patricio Manns (1971) aparece la premonitoria canción No cierres los ojos, que habla del triunfo de la Unidad Popular e incluye versos premonitorios del Golpe.
En un sitio aislado del sur de Chile, bajo noches oscuras, entre montañas inmensas y el silencio que otorga la falta de luz eléctrica, nace Patricio Manns. En un lugar de su casa yacía una guitarra, prediciendo quizás el destino de uno de los grandes de la música popular chilena. Con ella se acompañó y como si siempre lo hubiera sabido, comenzó a tocar, las armonías nacieron con el natural movimiento de sus dedos, dedos que no todavía no encuentran descanso.
Patricio Manns llegó a sexta preparatoria y no tuvo estudios universitarios, sin embargo, además de ser músico y compositor, ha explorado y ha sido reconocido en el mundo de la escritura y la dramaturgia.
A mediados de los 60 llegó a Santiago a trabajar como periodista, en el canal 9 de la Universidad de Chile. Fue allí donde se gestó la idea de componer una cantata y comenzó a escribir Sueño Americano, disco con una serie de canciones referentes a la historia de América, desde su descubrimiento. Sin poder llevar su guitarra a sus jornadas laborales, compuso todo de memoria. Aquel trabajo es considerado la primera cantata de Sudamérica.
Al poco tiempo del golpe militar, Patricio Manns se vio obligado a dejar el país. Con un bolso pequeño en donde llevaba con suerte un cepillo de dientes, un calzoncillo y unos calcetines, y luego de estar más de dos meses oculto en Chile, con la posibilidad inminente de que le dieran muerte, llegó a La Habana. En el aeropuerto lo esperaban a él y a otros de sus camaradas, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.
La relación con Silvio Rodríguez se hizo estrecha. Él llegaba todos los días a la pieza donde se estaba quedando Manns, y religiosamente tocaba su timbre a las once de la mañana. En ese cuarto de hotel, en un catorceavo piso, sólo con el mar de espectador, estos dos hombres se hicieron amigos y en ese intercambio de melodías y pensamientos, hicieron historia. Patricio Manns presenció la creación de la mundialmente conocida Sueño con Serpientes, de Silvio, y él, a su vez, contempló como el chileno plasmaba su nostalgia en Cuando me acuerdo de mi país, canción que 17 años después sería coreada por jóvenes compatriotas.
Ni la dictadura, ni los años de exilio, evitaron que Patricio Manns continuara el trabajo que venía haciendo desde el 60. Trascendental resultó para la historia de la música popular chilena y latinoamericana, el trabajo que realizó junto a Horacio Salinas, José Seves y los Inti-Illimani en general, con quienes grabó Retrato y Vuelvo, en coautoría con Salinas, por nombrar algunas. Además de sus aportes a la agrupación Quilapayún. Todos logran conquistar los escenarios europeos, atrayendo las miradas del continente.
En estos 20 años compone canciones todavía recordadas como Balada de los amantes del camino de Tavernay, La dignidad se convierte en costumbre, El equipaje del destierro, Palimpsesto, entre tantas otras.
Corría el año 1990, la dictadura había terminado y las emociones se apoderaban de todos los chilenos. Patricio Manns vuelve a su país. Pensando que ya nadie lo recordaba, lo invadió la felicidad al darse cuenta que chicos que ni siquiera habían nacido al momento de su partida, conocían y cantaban sus canciones. Alrededor de cinco mil personas se agolpaban en el estadio Chile para presenciar en vivo al ídolo y sobreviviente de la Nueva Canción Chilena.
Hoy se encuentra realizando su último trabajo discográfico, un disco que está en gran parte dedicado a la ecología y a los que él considera los problemas de nuestro tiempo. Aunque como siempre dedica algunas pistas al amor, siendo fiel a su historia discográfica. Lo acompaña con los arreglos el pianista de jazz Gonzalo Palma y, si todo sale como espera, estará lanzándolo a finales de este mes.
“Este año estoy viviendo una serie de homenajes, primero fue el coro de jóvenes la orquesta juvenil en el gimnasio del Colegio Melipilla, donde unos 350 jóvenes de menos de 18 años cantaron mis canciones en un formato que llamaron Cantata la vida total. A ellos y ellas se sumó el coro de los presos de Talagante, todos bajo la dirección de Jaime Herrera, fue maravilloso. Este mes se estrena en Concepción Patricio Manns Sinfónico, con la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción y su Coro Polifónico, y como solista va José Seves. Los directores y arregladores fueron Guillermo Riffo, Mario Villalobos y Carlos Zamora. Además, la Universidad de Concepción y la Universidad de Playa Ancha me han presentado al Premio Presidente de la Republica que se dará en noviembre de este año. La prensa nada dijo”, Patricio Manns.

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