El desencadenamiento de la locura

ANTICRISTOCarolina Figueroa

Anticristo, la última película de Lars von Trier, está cargada de un ambiente decadente, angustioso, que bordea los límites del descontrol humano, lugar en donde los miedos cobran vida y cuerpo. Lo que se ha llegado a relacionar con la etapa oscura que vivió Von Trier el año 2007 al caer en una fuerte depresión que lo llevó a internarse en un psiquiátrico.

Desde el comienzo, en el prólogo en blanco y negro, surge la majestuosidad de la técnica de grabación cámara en mano, la cual recorre el espacio lentamente mientras enfoca en primer plano el acto sexual, dedicando especial atención a la penetración. Al igual que en otras de sus películas como Los idiotas.

Esta película pretende realizar una relectura del horror, pero a través de la psicosis, las fronteras del dolor y la locura. Sus protagonistas (Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg), una pareja que pierde a su hijo, deciden internarse en un bosque llamado Edén como  terapia para su dolor, convirtiéndose este paisaje en un verdadero infierno que lleva a los personajes a un delirio que a ratos deja de ser ilusión. Dafoe, como terapeuta, debe internarse en la cabeza de su esposa, tratando así de comprender sus miedos, hecho que lo llevará al caos y a formar parte de  los  fantasmas de su pareja. El sufrimiento interior dará lugar a la máxima enajenación o abominación de la naturaleza: el llamado Anticristo, que para Von Trier es la suma de todos los miedos humanos.

Los protagonistas se sumen en un viaje de ultratumba donde pasarán por tres etapas, las cuales son separadas por el director en capítulos o partes: el duelo, el dolor y la desesperación que llevan a la desestructuración psicológica de la pareja. El dolor y la melancolía del personaje de Gainsbourg se convierten en una sensación fuera de toda normalidad, donde la vulnerabilidad lleva a la locura.

La simbología dentro de la trama cobra gran importancia, sobre todo cuando se vaticina la llegada de los tres mendigos, representados por  el zorro, el cuervo y el ciervo, animales que dan cuenta de la voracidad y  del caos. En conjunto son capaces de demostrar la naturaleza humana, violenta, cruel y sicótica.  Para el director, estos elementos  representan el Anticristo, la manifestación de la lucha atávica entre el bien y el mal.  Es el bosque el lugar propicio para su desencadenamiento, un  escenario que proviene del pasado e irrumpe, a través de la culpa,  en el presente.

Anticristo se nutre de escenas crudas de sexo explícito junto con violencia física y psíquica, dando cuenta de la parte más siniestra del ser humano – su mente - una zona donde la psicosis puede desatarse en cualquier momento,  lo que queda más que claro en la tercera y última parte de la película.  Tal como dice el zorro: “reina del caos”.  Como en una cinta  gore, la sangre y la violencia se apoderan de la trama y  los protagonistas caen en el descontrol, tanto a nivel psicológico como físico.

Quizás tenga mucho que ver la disposición anímica de su creador, pero, ante todo, Anticristo es un filme capaz de develar la crueldad entre los sexos, en incluso el femicidio si es que queremos realizar está lectura respecto a la imagen  que se nos presenta a través de la interpretación de Charlotte Gainsbourg.

Es una lástima que la película aún no haya llegado a nuestro país y lo peor aún es que quizás nunca lo haga. Pero al menos aún existe la opción de bajarlo de Internet y que cada uno se haga su propia idea.

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