Entrevistamos a dos impulsores del graffiti en Chile y nos contaron cómo revolucionan el medio con la galería de arte urbano, BOMB. El graffiti deja las calles y se redefine en Santiago de Chile.
Daniel Estrada
De partida, rayar es bombardear. Así se le llamaba al arte graffitero a finales de los 70, cuando los primeros bombardeos empezaron a redefinir el aspecto de las calles y del metro de Nueva York. Al poco tiempo se fue contagiando en las grandes ciudades en todo el mundo, hasta terminar en tu esquina.
Sobre esta relación entre arte y ciudad, he venido a indagar a la galería BOMB, proyecto de una comunidad de jóvenes diseñadores y arquitectos, cuya formación se templó a la sombra de calles anónimas, cultivando un arte que si bien hoy ha alcanzado reconocimiento artístico y comercial, no logra abandonar del todo su estigma marginal. Bajo esta premisa, intentaremos rastrear el origen de las múltiples connotaciones (y mutaciones) que el graffiti está experimentando hoy en dia, en nuestra ciudad.
Sebastián Cuevas, director de la galería, y Pablo Ceballos, administrador (conocidos por su obra como “Hasco” y “Ocio”, respectivamente) me abrieron las puertas una tranquila noche de miércoles, revelando parte del ambiente diario que alberga BOMB!. En el primer piso, tras pasar las salas de exhibición, un grupo heterogéneo de jóvenes preparan un improvisado asado. El ambiente se asemeja al de un relajado campus universitario. Mientras en el segundo piso, uno de los artistas arrendatarios termina una clase que imparte en su ordenado estudio, ahora repleto de jóvenes de distintas edades y estilos. Pocas veces se ve tanta motivación y orden en un espacio tan reducido, cual taller renacentista o gremio de artesanos trasmitiendo su tradicional y secreto oficio. Tras contemplar la clase desde afuera, dos cosas sobresalen. Primero, acá en la galería las cosas funcionan con sorprendente naturalidad, y el respeto que se profesan entre profesores y alumnos ya lo quisiera cualquier liceo del país. Segundo, dicha dinámica trasciende los roles y radica en un entusiasmo compartido por todos en la casona. Acá dentro, cada espacio y cada pared “bombardeada”, resalta con un encanto diferente al de la tipica revista de decoración . El graffiti no es el intruso, sino el invitado de honor. La música sigue sonando en el patio, mientras con Hasco y Ocio nos reunimos en una de las salas a conversar…
H:¿Por qué creen que mundos como el de la academia y el empresarial se han acercado a su galería?
Hasco: Hoy en día muchas galerías, bienales y artistas salen a buscar la identidad de la ciudad. Por el contrario, el graffiti no la busca, naturalmente la contiene. Lo que es sumamente interesante como fenómeno social para estas instituciones.
H:¿Cómo validan la presencia del graffiti en las calles frente a la crítica de “agresión al espacio público y privado”? ¿O la vinculación que se le hace con la delincuencia?
Ocio: Hoy en día la publicidad o la empresa privada se apropia aún más del espacio público, no con una pintura, sino con edificios o gigantografías. Pero claro, lo de ellos es más válido…cuando pagan por hacer lo que quieran con dicho espacio.
H: Y sobre la marginalidad…tú mismo puedes ver que aquí dentro no existe un perfil de graffitero. Esa imagen del graffitero de los medios no existe. Aquí se han visto rockeros que hacen graffiti, hijos de aristócratas del Nido de Águilas (¡hasta uno que es nieto de Agustín Edwards!); universitarios… a veces ni yo sé bien cuál es la imagen de quién está pintando en la calle. Lo único que nos une es esa libertad de pintar.
H:En términos estéticos, ¿qué hace que el graffiti vaya cambiando?
H: Es interesante pensar en la dualidad que tiene el graffiti, por una parte de homogeneizar el aspecto de la ciudad y a su vez de ir variando, ir mutando con ella. Un ejemplo claro es Bellavista, acá hemos comprobado que la misma arquitectura, o cómo la gente se mueve por las calles, genera un estilo particular. Artistas como Bazco no podrían haberse formado en otro lado, por el tema de la escala, o del uso del detalle. El barrio condiciona las técnicas. Si tú vas por los grandes corredores de Santiago, como Santa Rosa, Independencia o la Panamericana, el graffiti tiene otras características. Por eso, trasladar artistas y estilos de distintas áreas es muy difícil, aunque es también un desafío. Es similar a lo que ocurre en la galería, en donde intentamos mostrar el talento del artista cambiándolo de escenario. Así, el graffitero se prueba en su habilidad, en su adaptación al medio.
H:Una galería de arte urbano, ¿afectaría a la misma noción de graffiti?
O:De alguna manera sí, en el momento en que entra a la galería deja de ser graffiti.
H: Toda estética posee una ética. La potencia que tiene el graffiti se debe a que posee una ética muy fuerte…no la defino yo, la definió un grupo llamado Beautiful Loosers, y es la del Do It Yourself: Hazlo tú mismo, dónde quieras, con quién quieras y cuándo quieras…esa es la acción implícita que hay detrás del graffiti. Si metemos una pieza como la que está en la calle a esta sala, igual pierde parte de su ética. Es una conclusión muy crítica. Pero lo que sí creemos, es que esto es una plataforma para extraer y revelar el talento del artista, que también sirve como medio de difusión y como espacio de socialización. Es un lugar de interacción, tanto o más que una galería.
H:Con respecto a este cambio de contexto. ¿Qué reflexiones han sacado?
H: Queremos motivar a los graffiteros a que traten de no hacer simplemente un graffiti aquí, sino que extraigan su talento de otras formas también. Incluso pensamos en hacer la Galería del graffiti sin graffiti. Revelando qué es lo que hay en el fondo… yo todavía no lo sé. Aún así, creo que el resultado de las muestras ha sido magnífico.
H:¿Les preocupa trabajar con compañías que sólo buscan la imagen del graffiti como medio de expansión en el mercado?
H: Acá en la galería hemos trabajado con marcas como Puma, y es posible que nos vayamos vendiendo de alguna forma. Pero ese contacto es una de las alternativas para que la galería pueda auto sustentarse. Lo que es realmente importante esta especie de lucha por la validación que aquí se vive: tenemos que lograr que esta sub-cultura adquiera valor dentro de lo que se considera Cultura. El graffiti se tiene que validar en una conversación de mesa, y al extraerlo a este formato, y presentarlo en un espacio institucional, de alguna forma consolida ese objetivo. Cada persona que viene acá, contribuye con la meta de BOMB. Nuestra primera meta, al menos, es generar un cambio cultural, un quiebre. Que las cosas únicas o excepcionales pasen a ser comunes, que tú como graffitero pases a ser algo natural dentro de la ciudad.
GALERIA BOMB, Bombero Núñez #274 (casi esquina con Santa Filomena), Barrio Bellavista. Horario de atención: Martes a Domingo de 12:00 a 20:00, entrada liberada.
(Agradecemos a http://losmurosnoshablan.cl/ por mostrar parte del trabajo de Hasco, y a Engrudocompany, de la cual Ocio es miembro )





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